Los manuales escolares de la Biblioteca del Centro de Recursos, Interpretación y Estudios de la Escuela no solamente constituyen un importante testimonio de los contenidos que sirvieron a los niños y niñas de otras épocas para aprender cosas, sino que deben ser un recurso didáctico utilizable en la actualidad. Con "El libro de la semana" queremos al profesorado, a alumnos universitarios y a todos los interesados en general darles pistas para ese posible uso actual. ©

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Seguimos con antologías de la literatura. Pero la de esta semana posee unas características que hacen que sea bastante singular.
Pertenece a la colección de “textos únicos” que durante la Guerra Civil se publicaron en la zona dominada por las tropas sublevadas.
El 8 de diciembre de 1937 firmó Francisco Franco en Burgos el Decreto número 427, donde se establecía la creación del Instituto de España, como el conjunto de los Académicos numerarios de las diferentes Reales Academias reunidos en una corporación única. En el Decreto número 436, de 1 de enero de 1938, se desarrollaba el anterior, entre otras cosas nombrando a don Manuel de Falla Presidente, a don Pedro Sáinz Rodríguez Vicepresidente (será Ministro de Educación Nacional desde febrero de ese año) y a don Eugenio D´Ors Secretario perpetuo de esa nueva institución (“perpetuidad” que duró solo hasta 1942, como consecuencia del relevo como Ministro de Educación Nacional de Pedro Sáinz Rodríguez al finalizar la Guerra Civil por Tomás Domínguez y, poco después, por José Ibáñez Martín).
La primera reunión de lo que pretendía ser el “Senado de la Cultura Española” tuvo lugar en Salamanca el 6 de enero de 1938.
Una de sus primeras tareas, como se señala en la Orden firmada en Vitoria por Sáinz Rodríguez el 11 de abril de 1938, fue la redacción y edición “de textos elementales, en diversos grados, destinados a la primera enseñanza”, con el carácter cada texto de “único y obligatorio para todas las escuelas de España.”
Las razones que se esgrimían para la imposición de estos manuales eran las malas consecuencias “en el orden patriótico, religioso y social” de la práctica anterior de no poner condiciones para la publicación de libros destinados a los escolares (otra semana abordaremos la historia de la regulación por parte del estado de la libertad de publicación de libros de texto).
En la citada Orden, se indica los textos obligatorios “así para la enseñanza pública como para la privada” que se iban a publicar. Entre ellos, “…b) Dos colecciones, en grados sucesivos, de fragmentos escogidos de escritores de lengua castellana, en prosa y en verso, destinados a la lectura.”
El libro de esta semana es uno de los diez que se prescriben para todos los grados de la diferentes materias, aunque solo s
e publicaron siete, en los años 1938 y 1939 y siempre sin especificación del autor.
El que hemos convertido en El libro de la semana aparece en 1938 (la antología del Segundo Grado se publicó al año siguiente), y en él se reproducen fragmentos de obras escritas en castellano, tanto en prosa como en verso.
En el Prólogo, tras explicitar que los criterios que se han seguido a la hora de seleccionar los textos han sido sus valores estéticos e históricos, se señala que además se han sumado a aquéllos “el aspecto moral y patriótico al cual no puede mostrarse ajeno ningún texto docente de la nueva España.”
Se sigue un orden cronológico, según la fecha de nacimiento de los escritores y escritoras (de los 47, solo tres son mujeres: Gertrudis Gómez de Avellaneda, Rosalía de Castro y Emilia Pardo Bazán). El primero es Diego de Torres y Villarroel y el último Gabriel Miró. No se incluyen fragmentos de autores vivos.
De Unamuno, a pesar de su controvertido apoyo y crítica al levantamiento militar, aparecen dos fragmentos.
Nacidos en Cantabria, José María de Pereda, con un texto de El sabor de la tierruca y la fecha de su muerte equivocada (1905 en vez de 1906) y Marcelino Menéndez y Pelayo, con un fragmento de Historia de los Heterodoxos españoles y otro de Historia de la Poesía castellana en la Edad Media.
Resaltemos que se incluye la numeración de las líneas para poder remitirse con facilidad a las aclaraciones que de algunas palabras y frases se realizarán en un manual específico “que saldrá en breve”.
Pero ese libro nunca apareció, y la vida de estos inconfundibles manuales, con el “víctor” en la portada, que todos ellos se publicaron en Santander, en Artes Gráficas Aldus (aún se conserva el edificio, aunque en estado de ruina), fue efímera; por una serie de razones que, si hay ocasión, contaremos más adelante.
© de los textos: José Antonio González de la Torre
© de los textos: CRIEME
© de las imágenes: CRIEME