El libro de esta semana es un manual de lectura en el que no figura el nombre de ninguna persona concreta como el recopilador de los textos que lo componen, sino que tras el título aparece solamente “por EDELVIVES”.
Se trata de un libro de 1952, que se podría incluir en el género didáctico llamado “libros de lectura extensiva”.
Para Alejandro Tiana (cfr. “Los libros de lectura extensiva y el desarrollo lector como género didáctico”. En Agustín Escolano –director-, Historia ilustrada del Libro escolar en España, vol. I. Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 1997, pp. 255-289), durante los siglos XIX y XX es tal el número de obras, la especialización de algunos autores de las mismas y la pervivencia a lo largo de décadas de algunos de sus títulos que es posible hablar en la enseñanza de nuestro país de los “libros de lectura extensiva” como formando una categoría específica dentro del conjunto de los manuales escolares.
De todas maneras, señala Tiana, se podrían describir una serie de subgéneros dentro del epígrafe general de “libros de lectura extensiva”: antologías de obras literarias, colecciones de fábulas, libros de cuentos infantiles, libros de ejemplos morales y de máximas, catones, enciclopedias, libros de lectura de manuscritos o libros dirigidos a las niñas.
Nuestro manual de esta semana, ya en una década relativamente cercana a los cambios radicales que se producirán posteriormente en la sociedad -y en la educación- en España, realiza una mezcla de bastantes de los subgéneros señalados por Tiana. Así, incluye fragmentos de novelas, relatos, fábulas, poesías, frases célebres, refranes, proverbios, pensamientos (la mayoría sin referencia a su autor), textos de exaltación del régimen de Franco e incluso partituras de canciones. Salvo alguna excepción, todos los autores y autoras son españoles o hispanoamericanos.
El libro inserta notas a pie de página para aclarar el significado de algunas palabras, las que se considerarían difíciles para los potenciales lectores, o para ampliar lo que aparece en el texto. También incluye algunos ejercicios consistentes en tener que completar datos, palabras o frases.
Autores nacidos en Cantabria, solo dos: Concha Espina y José María de Pereda. De Pereda, precisamente, se reproduce un fragmento (pp. 225-227) de El sabor de la tierruca, en el que se dice que “los olores del campo de Cumbrales parece que vienen de la gloria”. Cumbrales es el nombre que da Pereda en la ficción a Polanco, su pueblo natal, tan amado por el novelista y en donde se construyó la casa que actualmente es sede del CRIEME.
El escritor, escritora en este caso, de la que se incluyen más fragmentos es Fernán Caballero: nueve exactamente.
De Manuel Machado se reproduce un texto (merecidamente, sin duda, por ser poeta de gran calidad), aunque ninguno aparece de su hermano Antonio.
Dos de los pensamientos que se incluyen (pp. 188 y 223) son de don Severo Catalina, a quien citábamos en el libro de la semana pasada.
La editorial Luis Vives, que es quien publicó este manual, pertenecía a la Congregación de los Hermanos Maristas, fundada en Francia en 1817 y que se instaló en España en 1886.
Aunque comienzan la publicación de libros destinados a la enseñanza en 1890, entonces bajo las siglas “FTD” (que corresponden a las iniciales del en ese momento Superior general de la Congregación: Frère Théophane Durand), no se legaliza con ese nombre hasta 1919, en Barcelona. La primera publicación que aparece son unos Elementos de Historia Sagrada. En las imágenes de nuestro Libro de la semana se puede comprobar que aún se reproducen en él esas siglas en la parte interior de la cubierta. En 1932, tras la proclamación de la República, “FTD” pasó a inscribirse como “Editorial Luis Vives”. En 1938 se traslada su sede a Zaragoza, que es donde continúan en la actualidad los talleres del Grupo Editorial Luis Vives.
Se trata de un libro de 1952, que se podría incluir en el género didáctico llamado “libros de lectura extensiva”.
Para Alejandro Tiana (cfr. “Los libros de lectura extensiva y el desarrollo lector como género didáctico”. En Agustín Escolano –director-, Historia ilustrada del Libro escolar en España, vol. I. Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 1997, pp. 255-289), durante los siglos XIX y XX es tal el número de obras, la especialización de algunos autores de las mismas y la pervivencia a lo largo de décadas de algunos de sus títulos que es posible hablar en la enseñanza de nuestro país de los “libros de lectura extensiva” como formando una categoría específica dentro del conjunto de los manuales escolares.
De todas maneras, señala Tiana, se podrían describir una serie de subgéneros dentro del epígrafe general de “libros de lectura extensiva”: antologías de obras literarias, colecciones de fábulas, libros de cuentos infantiles, libros de ejemplos morales y de máximas, catones, enciclopedias, libros de lectura de manuscritos o libros dirigidos a las niñas.
Nuestro manual de esta semana, ya en una década relativamente cercana a los cambios radicales que se producirán posteriormente en la sociedad -y en la educación- en España, realiza una mezcla de bastantes de los subgéneros señalados por Tiana. Así, incluye fragmentos de novelas, relatos, fábulas, poesías, frases célebres, refranes, proverbios, pensamientos (la mayoría sin referencia a su autor), textos de exaltación del régimen de Franco e incluso partituras de canciones. Salvo alguna excepción, todos los autores y autoras son españoles o hispanoamericanos.
El libro inserta notas a pie de página para aclarar el significado de algunas palabras, las que se considerarían difíciles para los potenciales lectores, o para ampliar lo que aparece en el texto. También incluye algunos ejercicios consistentes en tener que completar datos, palabras o frases.
Autores nacidos en Cantabria, solo dos: Concha Espina y José María de Pereda. De Pereda, precisamente, se reproduce un fragmento (pp. 225-227) de El sabor de la tierruca, en el que se dice que “los olores del campo de Cumbrales parece que vienen de la gloria”. Cumbrales es el nombre que da Pereda en la ficción a Polanco, su pueblo natal, tan amado por el novelista y en donde se construyó la casa que actualmente es sede del CRIEME.
El escritor, escritora en este caso, de la que se incluyen más fragmentos es Fernán Caballero: nueve exactamente.
De Manuel Machado se reproduce un texto (merecidamente, sin duda, por ser poeta de gran calidad), aunque ninguno aparece de su hermano Antonio.
Dos de los pensamientos que se incluyen (pp. 188 y 223) son de don Severo Catalina, a quien citábamos en el libro de la semana pasada.
La editorial Luis Vives, que es quien publicó este manual, pertenecía a la Congregación de los Hermanos Maristas, fundada en Francia en 1817 y que se instaló en España en 1886.
Aunque comienzan la publicación de libros destinados a la enseñanza en 1890, entonces bajo las siglas “FTD” (que corresponden a las iniciales del en ese momento Superior general de la Congregación: Frère Théophane Durand), no se legaliza con ese nombre hasta 1919, en Barcelona. La primera publicación que aparece son unos Elementos de Historia Sagrada. En las imágenes de nuestro Libro de la semana se puede comprobar que aún se reproducen en él esas siglas en la parte interior de la cubierta. En 1932, tras la proclamación de la República, “FTD” pasó a inscribirse como “Editorial Luis Vives”. En 1938 se traslada su sede a Zaragoza, que es donde continúan en la actualidad los talleres del Grupo Editorial Luis Vives.