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Esta semana nos remontamos a una época mucho más alejada en el tiempo de la que ha sido la habitual en semanas anteriores. Porque nos vamos a ir a un libro que se usaba cuando para la generalización de la escolarización de la población española, y europea en general, faltaban varias décadas. -Si alguien quiere tener una visión precisa de cómo se encontraba la situación de lo que hoy llamamos enseñanza secundaria en concreto en nuestra región en ese periodo, puede consultar el libro de Clotilde Gutiérrez Enseñanza de primeras letras y latinidad en Cantabria (1700-1860), de 2001; en especial, los capítulos V y VI.-
Ya en el título de esta publicación vemos la identificación del nivel de enseñanza posterior al elemental con el obligatorio aprendizaje del latín. Y como herramienta fundamental para ese aprendizaje se precisaba el uso de diccionarios.
El libro de esta semana es un diccionario de latín escrito por Pedro de Salas, muy difundido entre los estudiantes españoles del siglo XIX. En el ejemplar del que disponemos en el Centro de Recursos, Interpretación y Estudios de Polanco aparece en la primera página escrito a pluma que “este calepino es para uso de… estudiante en las Escuelas Pías de Villacarriedo”.
Este curioso nombre de "calepino" proviene de Ambrogio Calepino (ca. 1440 - ca. 1510), que fue un monje agustino italiano autor de un diccionario polígloto muy conocido en el que se reseñaban las equivalencias de las palabras latinas con las de otros idiomas. Y, por extensión, a cualquier diccionario de latín se le daba el nombre genérico de calepino.
Aunque hoy en día cueste entenderlo (por aquello del tan debatido derecho a la propiedad intelectual), en siglos pasados era posible tomar la obra de un autor y realizar añadidos a la misma, como sucede en el caso de los diccionarios latinos que estamos comentando. Así, se establecería una cadena de autores que irían mejorando una misma obra. Un eslabón de esta cadena sería nuestro Libro de la semana.
En realidad, el jesuita Pedro de Salas lo que hizo para su obra fue corregir y adicionar contenidos (voces sacras y hebreas) a otro diccionario, que fue publicado por primera vez en 1619, como obra póstuma, del también jesuita padre Bartolomé Bravo, el Compendium Marii Nizolii. En el propio título nos indica Bravo que se inspira en la obra del italiano Nizzoli.
El Compendium Latino-Hispanum utriusque Linguae se publicó por primera vez en 1671, en la imprenta de Bartolomé Portoles y Torres de Valladolid, cuando ya Pedro de Salas había también, como en el caso de Bravo, fallecido.
Ya en el título de esta publicación vemos la identificación del nivel de enseñanza posterior al elemental con el obligatorio aprendizaje del latín. Y como herramienta fundamental para ese aprendizaje se precisaba el uso de diccionarios.
El libro de esta semana es un diccionario de latín escrito por Pedro de Salas, muy difundido entre los estudiantes españoles del siglo XIX. En el ejemplar del que disponemos en el Centro de Recursos, Interpretación y Estudios de Polanco aparece en la primera página escrito a pluma que “este calepino es para uso de… estudiante en las Escuelas Pías de Villacarriedo”.
Este curioso nombre de "calepino" proviene de Ambrogio Calepino (ca. 1440 - ca. 1510), que fue un monje agustino italiano autor de un diccionario polígloto muy conocido en el que se reseñaban las equivalencias de las palabras latinas con las de otros idiomas. Y, por extensión, a cualquier diccionario de latín se le daba el nombre genérico de calepino.
Aunque hoy en día cueste entenderlo (por aquello del tan debatido derecho a la propiedad intelectual), en siglos pasados era posible tomar la obra de un autor y realizar añadidos a la misma, como sucede en el caso de los diccionarios latinos que estamos comentando. Así, se establecería una cadena de autores que irían mejorando una misma obra. Un eslabón de esta cadena sería nuestro Libro de la semana.
En realidad, el jesuita Pedro de Salas lo que hizo para su obra fue corregir y adicionar contenidos (voces sacras y hebreas) a otro diccionario, que fue publicado por primera vez en 1619, como obra póstuma, del también jesuita padre Bartolomé Bravo, el Compendium Marii Nizolii. En el propio título nos indica Bravo que se inspira en la obra del italiano Nizzoli.
El Compendium Latino-Hispanum utriusque Linguae se publicó por primera vez en 1671, en la imprenta de Bartolomé Portoles y Torres de Valladolid, cuando ya Pedro de Salas había también, como en el caso de Bravo, fallecido.
Se editó posteriormente en Madrid, Alcalá de Henares y Barcelona.
El calepino de Salas del que disponemos en nuestro centro fue usado durante más de un siglo por diversos estudiantes, tal y como se refleja en lo manuscrito por ellos en varias páginas del mismo.
El calepino de Salas del que disponemos en nuestro centro fue usado durante más de un siglo por diversos estudiantes, tal y como se refleja en lo manuscrito por ellos en varias páginas del mismo.