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En el último tercio del siglo XIX y primer tercio del siglo XX se constata que había que renovar la escuela (lo que se llamó el fenómeno de la escuela nueva). Porque ya no bastaba con una enseñanza meramente de aprender a leer, escribir y las cuatro reglas, como había sido lo habitual durante siglos. Había que pasar, dado que la sociedad se estaba complicando en muchos aspectos, a una enseñanza más activa, más intuitiva, más real.
Libros de lectura había, en esa época que acabamos de citar, muchos, con contenidos muy diversos. Pero entre lo muchísimo que se publicaba para ser leído en la escuela nos encontramos con unos libros de lectura un poco especiales.
Son libros que, apoyándose en dibujos y, a partir de determinada fecha, en fotografías, explican cómo son determinados animales aquí desconocidos, cómo se cultivan los campos, las características de otras razas, los nuevos medios de transporte, los fondos marinos…
Como el niño debe aprender a conocer a través de la vista cosas que son relevantes en la época en la que vive, hay que explicarle de manera científica el funcionamientos de aquellos objetos que sí le son cercanos (animales de granja, vegetales, fenómenos meteorológicos...) o de aquellos otros que nunca podrá ver directamente en el medio en el que vive (aviones, peces, monumentos de países exóticos…), como dijimos en El libro de la semana del 16 al 22 de este mes. Por lo tanto, las “cosas” de las “lecciones de cosas”, de nuestro entorno o muy alejadas de donde vivimos, hay que saber en qué consisten; pero, para saber, primero hay que ver. Luego, el punto de partida es la observación directa u objetiva. Lo que hoy en día al alumno le llega fácilmente por diversos medios, en estos libros tiene que ser a través de grabados.
Habría dos tipos de libros de cosas, los que tratan de un solo reino de la naturaleza, o de una sola ciencia o de un solo arte u oficio y, en segundo lugar, los que estudian objetos heterogéneos pertenecientes a varias ciencias con semejanzas entre sí.
Libros de lecciones de cosas (con este título exacto o con otros similares) se publican en España desde finales del siglo XIX hasta la década de los años sesenta del siglo XX. A veces, el mismo libro se edita durante décadas introduciendo pequeñas reformas en su contenido.
El libro de esta semana es el volumen III de la serie de cuatro de C. B. Nualart que la editorial Seix Barral publicó hasta 1956.
Aunque no se especifica en el libro, las ilustraciones creemos son del propio Nualart, ya que él fue ilustrador de manuales escolares de otros autores.
Pero como no queremos extendernos en exceso esta semana, dejaremos para otra ocasión el comentario sobre ejemplos de los contenidos concretos de este que fue tan importante género de manuales escolares.
En el último tercio del siglo XIX y primer tercio del siglo XX se constata que había que renovar la escuela (lo que se llamó el fenómeno de la escuela nueva). Porque ya no bastaba con una enseñanza meramente de aprender a leer, escribir y las cuatro reglas, como había sido lo habitual durante siglos. Había que pasar, dado que la sociedad se estaba complicando en muchos aspectos, a una enseñanza más activa, más intuitiva, más real.
Libros de lectura había, en esa época que acabamos de citar, muchos, con contenidos muy diversos. Pero entre lo muchísimo que se publicaba para ser leído en la escuela nos encontramos con unos libros de lectura un poco especiales.
Son libros que, apoyándose en dibujos y, a partir de determinada fecha, en fotografías, explican cómo son determinados animales aquí desconocidos, cómo se cultivan los campos, las características de otras razas, los nuevos medios de transporte, los fondos marinos…
Como el niño debe aprender a conocer a través de la vista cosas que son relevantes en la época en la que vive, hay que explicarle de manera científica el funcionamientos de aquellos objetos que sí le son cercanos (animales de granja, vegetales, fenómenos meteorológicos...) o de aquellos otros que nunca podrá ver directamente en el medio en el que vive (aviones, peces, monumentos de países exóticos…), como dijimos en El libro de la semana del 16 al 22 de este mes. Por lo tanto, las “cosas” de las “lecciones de cosas”, de nuestro entorno o muy alejadas de donde vivimos, hay que saber en qué consisten; pero, para saber, primero hay que ver. Luego, el punto de partida es la observación directa u objetiva. Lo que hoy en día al alumno le llega fácilmente por diversos medios, en estos libros tiene que ser a través de grabados.
Habría dos tipos de libros de cosas, los que tratan de un solo reino de la naturaleza, o de una sola ciencia o de un solo arte u oficio y, en segundo lugar, los que estudian objetos heterogéneos pertenecientes a varias ciencias con semejanzas entre sí.
Libros de lecciones de cosas (con este título exacto o con otros similares) se publican en España desde finales del siglo XIX hasta la década de los años sesenta del siglo XX. A veces, el mismo libro se edita durante décadas introduciendo pequeñas reformas en su contenido.
El libro de esta semana es el volumen III de la serie de cuatro de C. B. Nualart que la editorial Seix Barral publicó hasta 1956.
Aunque no se especifica en el libro, las ilustraciones creemos son del propio Nualart, ya que él fue ilustrador de manuales escolares de otros autores.
Pero como no queremos extendernos en exceso esta semana, dejaremos para otra ocasión el comentario sobre ejemplos de los contenidos concretos de este que fue tan importante género de manuales escolares.